sábado, diciembre 16, 2006

Invierno rojo

Alguna vez, mi mirada se levantaba hacia el cielo, no en busca de respuestas sino ansioso de suspenderse en el tiempo, jugar a seducir a aquel estático viento, y por qué no, con frivolidad dejar a un lado la angustia y los anhelos.

Aquel mirar mío, irradiaba sus pesares nacidos de un entorno que aceleradamente marchaba errante pero temeroso a conocer y enamorarse de sus imperfección, buscando la belleza en lo visible, en aquello que simplemente tiene vida hasta el triunfal arribo de la muerte.

Esperé entre los astros de la inmensa bóveda ver pasar ese átomo de azar, un fortuito golpe que fragmentara nuestro destino. Y así, dicho momento jamás llegó, sólo vino un torbellino armado de incertidumbres y sueños heridos: el amargo comienzo de una danza hacia un precipicio cuyo fondo aun ignoramos.

De pronto, un gélido soplo se apropió de los alrededores y a su vez, en el firmamento las estrellas
ardieron como jamás se había visto; se alejó una de otra, dejando ver la eternidad impregnada a causa de la unión de cada instante que le antecedió desde su origen; enloquecieron y se embriagaron de ausencia, pócima capaz de crear cielos e infiernos dentro de sí mismo.

En esa gran fiesta, por fin lograron ser en el intempestuoso universo, proyectando su incandescencia y resplandor a los más recónditos sitios. Después, la luz emergió de manera tenue desplazando a la noche, talandrando mi corazón y despertando esta alma de otro más de sus tristes sueños...

sábado, diciembre 02, 2006

Fénix

"A ese canalla le rodea la infelicidad y la amargura; la frustración y la envidia; su pesadumbre se respira e incluso la irradia" -dice la gente que dice conocer-. Todos tranquilos señores, yo le he visto, y en efecto, se trata de alguien malo, pero un buen tipo al fin y al cabo...

No sé si a usted le importe escuchar lo que quiero decir acerca de él, pero a mí no me importa que a usted le importe, lo diré de todos modos, al fin y al cabo, la voz es algo que sólo se logra silenciar con la muerte, y eso a priori de no llegar a trascender en el ánimo de otro, consecuentemente en el tiempo y caída del mismo. Así, vayamos ya al pandemónium de aquél desagradable sujeto.

Tal vez resulte algo confuso, pero nació después de morir tres veces, y destaco que en esta última por poco muere (la costumbre, creo yo). El lugar fue uno muy singular: "la tierra del agave y del mariachi; de la oferta y la demanda; del engaño y la desolación", un sitio que cada cien años repite su cómica historia(o trágica según el enfoque que usted quiera darle), donde todos son culpables de su desgracia, excepto uno mismo. Llevan mitad España y mitad Asia en la sangre, a pesar ello procuran ser felices. Su pueblo es creyente, y cree en todo lo increíble, sea concreto o abstracto, no discrmina en ello. Además, sus bromas más ingeniosas recaen sobre la sexualidad (homosexualidad si consideramos que suele darse entre los machos). Esa es su tierra, ese es su pueblo.

En su infancia, se trataba de un niño alegre, travieso, malcriado, perverso -como cualquier infante de su ciudad y de su tiempo-. En otras palabras, otra consecuencia más de lo que a su alrededor pasaba, eso era él, un accidente intencionado o la intención de accidentar, ¿qué más da, si ambos caminos llevan como sello distintivo el fracaso?. De su educación, qué podemos decir sino lo indispensable: en la familia se trataba del menor y único varón, situación determinante en una sociedad que tiende a consentir y arropar al hombre, agregándole una disciplina por demás voluble, ya que unos días hiciere lo que hiciere la autoridad y la coacción eran nada, mientras en otras ocasiones la menor inquietud que provocara el pequeño, despertaba la cólera del padre (incluso tanta rabia podría ponernos a pensar que a su vez se enfadaba el espíritu santo), afortunadamente los enojos jamás llegaron a traducirse en golpes, mero terrorismo psicológico y varias expresiones folklóricas que caracterízan el lenguaje del país y denotan su riqueza cultural, sólo eso; pasando al colegio, el mundo no le pesaba tanto, salvo por esas educadoras de aspecto monstruoso, actitud arrogante y afán inquisidor, que desafortunadamente direccionaron sus miradas hacia nuestro niño en cuestión, el cual por mala suerte llevaba dentro de sí la llama de la desobediencia -a la espera del combustible que la hiciera expandirse y por qué no, prender fuego a los imperativos y los malos modos, una oportunidad de sonreír por lo que fuere sin la necesidad de esconderse o justificarse por ello-.

Así, incontables incidentes se suscitaron entre el muchacho y tan célebres damas. La idea de libertad tal vez él logró materializarla en algunas ocasiones, por ejemplo, cuando su maestra le regañaba por algo, según lo que cuenta el susodicho, demasiado trivial y carente de sentido, eso sí, muy enérgicamente hacía su labor la educadora, como debe hacerlo un docto en materia de represión, con toda la premeditación para bajar la autoestima y arrancar el llanto del chilpayate: la mirada penetrante, un aliento nauseabundo, el corazón hirviendo, aquella idea inequívoca de verdad desprendida de sus labios con cada palabra que se entremezclaba con el aire, la eterna historia del manejo del poder por parte de quien lo tiene y... Tanta descripción al respecto resulta inútil ("viene valiendo madre" reza la terminología de aquelos rumbos), el niño estaba ya en el patio de la escuela jugando en la resbaladilla con gran euforia mientras todo lo mencionado ocurría con dicha señora.

Hace cuatro años aproximadamente, en la primera y única charla que tuve con este tipejo, me contó eso, como si se tratase de la confesión de una pequeña travesura, a lo que se me ocurrió preguntarle -¿qué pasó después con tu maestra?-, pregunta a la que seriamente me respondió -nada malo, debió enloquecer o algo así, dado que hace un tiempo se me ocurrió visitarle y me recibió muy bien, ya no fue divertido, a decir verdad-. Después, se llevó las manos al rostro, las deslizó recorriendo su cabellera y pasarlas después de la nuca a la barbilla, para terminar por entrelazarlas, me miró como si sus ojos vieran al infinito y sonrió, para posteriormente tomar su cigarro, fumar un poco, levantarse del asiento, despedirse y decir "gracias", retirándose sigiloso entre la multitud, como si un poco de agorafobia y otro tanto de claustrofobia hicieran presa de él.

¡¡¡Cállese señora!!! No diré más porque es todo lo que sé de él, y si hubiera algo por agregar no me daría la gana mencionarlo ya, no tiene caso, ¿o usted dedicaría su tiempo a hablar sobre alguien así:
malo, pero un buen tipo al fin y al cabo? Muy pesado me resulta ese hombre, no lo tolero, sin embargo yo le resulto alguien efímero, y se largó con una sonrisa muy burlona, con molestia todavía me preguntó por qué.

domingo, noviembre 19, 2006

04 agosto

¿Víctimas o victimarios? ¿Dioses o villanos?

Memoria ven
Despiértame.
Memoria ven.
Morir armao por defenderse de morir
Ante las armas de la estrella de David
Niños que tiran piedras, balas de Israel,
No hay porvenir bajo la bota de Yahvé
Memoria de muerte
Niños muriendo salen en televisión
Niños muriendo en la moqueta del salón.
Memoria de muerte.
Nada protege al pobre del dominador
Nada protege al débil del depredador.
Memoria de...

Así reza esta canción del grupo vasco La Polla Records en el año de 1992, rememorando un conflicto de casi 60 años de antigüedad que al parecer no le hallamos fin, a menos de tratarse como dicen algunos, del inicio de nuestro final como humanidad (Tercera Guerra Mundial para que me entiendan).

El fin de semana ya nos tocó observar un ligero despliegue de brutalidad en el Líbano que pegó fuerte en las susceptibilidades de aquellos que tuvieron la oportunidad de observarlo, pero nada nuevo en los combates árabe-israleíes, donde después de concluida la Segunda Guerra Mundial y el reacomodo del pueblo judío en Oriente Medio hemos presenciado disparejas batallas en pro de los intereses occidentales (de las potencias, cabe aclarar, porque yo nada he obtenido del estercolero bélico).

Debemos comenzar señalando a ingleses y franceses como grandes responsables históricos de esto que acontece y a un servidor logra indignar; claro que tampoco podemos olvidar a los Estados Unidos de América, quien ha resultado siempre el más beneficiado con el negocio de la guerra, donde históricamente los conflictos armados le han representado anexión de territorios, venta de las armas que exhiben en sus afanes expansionistas, control de energéticos de la región invadida, represión de ideologías y sistemas de vida distintos a las suyas, entre otras cosas. Olvidaba a los camaradas de la URSS, quienes un poquito más al norte de la región también libraban tremenda lucha y se llevaban su parte del botín. ¿Realmente se amparó al desprotegido en la segunda mitad del siglo XX?

Así, en este vago y por demás corto, pero sincero escrito, me toma por asalto una breve lluvia de ideas respecto al brazo armado de occidente que lleva por nombre Israel: hace poco más de sesenta años los judíos fueron presa de una serie de actos verdaderamdente crueles, la humanidad se vio aterrorizada por las injusticias cometidas contra este grupo de antecedentes milenarios. ¿Qué ocurre con los dirigentes israelíes? El ser acomodados a la mitad de Palestina con la intención de seccionar la región por parte de los ya mencionados no es tanto cosa de ellos, pero el decidir actuar de la misma forma en que lo hizo su opresor no mucho tiempo atrás, ¿de quién será culpa?, ¿han preguntado a su pueblo si en verdad desea esto?, porque debo decirles que se ha documentado lo suficiente para aseverar que en el norte del territorio que robaron, su gente y la que comparte religión con sus adversarios conviven de una forma muy cordial, prudente y madura si se comparase con ese primitivo proceder suyo. Pero nuestra realidad es otra: lamen los pies del gran imperio, mandan a los diferentes al cinturón más miserable de la región, pasean sus vehículos y hacen espectáculos de pirotecnia sobre el punto de la Franja de Gaza que más les plazca, culpan a los terroristas de las muertes inocentes que ustedes provocan, devastan ciudades que nos remontan a los orígenes de la civilización... Pero qué se le va a hacer, ustedes siempre serán los buenos.

Tal vez algunos pensarán que estoy con los terroristas y defiendo al fundamentalismo del mundo árabe. Nada de eso compañeros, coincido con la idea de que el totalitarismo no tiene lugar en los regímenes contemporáneos y que la mujer musulmana merece condicines más dignas que las mostradas en ese lado del planeta. Sin embargo reflexiono un poco y recuerdo que se trata de un mundo con aproximadamente 600 años menos que éste occidente castigador y ventajoso, a lo que me pregunto: ¿Qué era del mundo cristiano hace cinco siglos? ¿Qué se hacía con aquellos "infieles" que se consideraban peligrosos a intereses institucionales? ¿Acaso hemos olvidado la brutalidad empleada durante las Cruzadas para imponer como razón única la palabra de vuestra deidad? ¿Qué hay de la cruel evangelización latinoamericana? ¿Qué papel jugaba la mujer en esta falocrática región? ¿Alguien acaso les ha hablado de un Mahoma que rechazaba las penas infamantes practicadas por nuestros frívolos antepasados y enaltecía el papel de la mujer? Es bastante claro que impera la intolerancia en nuestros corazones metalizados, además de un deprimente desconocimiento de lo que ha ocurrido en este mundo después de miles de años. Y del otro bando, también hay una mala interpretación de sus principios o mejor dicho, un fanatismo con estratosféricos niveles de toxicidad

Algo muy notorio es encontrarnos ante un panorama internacional turbulento, con un Vaticano que condena estos ataques y pide el cese al fuego, pero prende sus luces rojas por la ya existencia de mil millones de musulmanes en el mundo. ¿Se tratara de súplicas con mueca burlona por parte del alto mando católico? Hay que decirlo, ellos fomentaron esa sed de revancha árabe y dieron vida a la radicalización islámica en contubernio con las grandes potencias militares de le época (que hoy día son casi las mismas a excepción de los yankees y algún improvisado), pero dejarnos ya de cuestionar si no queremos perdernos de las maravillas que se dicen hay en el cielo. Esas son cosas del diablo...

Entonces colegas, ¿qué podemos hacer los excluidos de manejar las marionetas? De este lado del charco mascullar o dejar pasar como es costumbre; en Europa admirarse del horror acumulado en tan pequeño espacio pretendiendo olvidar que el ejemplo lo pusieron algunos de ellos ; en África, pues es más importante encontrar el pan y quitarse las cadenas propias; en Medio Oriente, son diversas las opciones: sobrevivir, combatir, resistir, llorar, enloquecer, matar y por qué no, morir; Lejano Oriente, sólo observar e intentar aprender la lección.

Dolorosa es la verdad, pero para ellos sólo valemos oro, diamantes, petróleo y gas natural. ¿Qué dios tendrá consigo la verdad, el de aquí o el de allá? "No lo sé y me da igual", como diría mi banda favorita. Sin embargo ya opté una solución bastante humana a esta pugna entre colosos: que no existan.
16 julio

Ignominia del corazón


¿Hacia dónde habías partido locura mía? ¿Por qué tu huida, si tu ausencia me convierte en un extraño bajo las penumbras? Carente de sentido fue mi pesado andar mientras no estabas, rompiendo esa tensa cuerda entre lo sublime y el total declive; imposible para mi alma se tornó el vuelo ya que tú eres mis alas.

Con cristalinas miradas dirigidas a un horizonte inerte, rugiendo ferozmente dentro de una oscuridad en la que otros duermen, en la que añoraba tu regreso ante este humilde y terrenal cuerpo, portando mis anhelos con ardiente sensación de vacío y reduciendo la vida al mísero tamaño de un espíritu incandescente precipitado por la angustia, busco consuelo reviviendo a los demonios que llevo en las entrañas, lo que sea, para justificar esta tormentosa existencia, mi existencia.

Extenuado y con las ilusiones sin genio, la vida ha de seguir en forma de calvario. Después de todo, la existencia bajo un insípido sol es la guerra, volviendo mis días de extravío en ligeras batallas donde la victoria no llega, simplemente me desplomo ante mis pesadillas. Sin embargo hay que sonreir desencajado para ahuyentar al eterno, enfrentar a la muerte y a la vida misma; un constante caminar anestesiado entre las llamas de la desesperanza, motivo suficiente para despertar una incontrolable furia, ignorada en este subterráneo mundo hasta entonces conocido.

Del amor me hablaron todos, valientes voces con creencia firme de ser poseedoras de la verdad absoluta, argumentos que degradan un bipolar sentimiento producto de la libertad al nivel de un grillete más del ser humano, inexplicable obsesión con nuestra decadencia y un atropello más contra nuestra ya vejada historia. ¿Y qué hay de este amor por tí, demencia?, ¿es acaso egoísta dejar en manos del azar esto que siento, arriesgar que jamás vuelvas? Silenciosos llamados te he hecho desde aquel ninguna parte que alguna vez fue nuestro, incitando a que resistas y permitiendo que vivas, aunque tus latidos en la lejanía atraigan como usurpadora tuya a la melancolía, incansable homicida de lo abstracto.

Sin saberlo, un día tan grisáceo como cualquier otro, se me ha sentenciado: del amor nada sé, no ha llegado el ser que convierta en caos mis pasiones y rompa con mi individualidad. No entendieron que eras compañera mía y de mi soledad; me llevan a clavar hacia una cruz que siempre he maldecido. Risueño, escupo y acciono ante la incredulidad de quienes creyeron ser mis verdugos, cierro los ojos y al abrirlos soy guerrero, y color rojizo he transformado este entorno, como el ocaso en que te vi pasar, fulminando con tu dulce mirada y misteriosa sonrisa este corazón primitivo, guardando el instante dentro de sí y a la expectativa de que la suerte lo haga estallar.

Ha caído la noche y debo marcharme, ser de nuevo un anónimo bajo la luna. Entre penumbras cavilo un pasado que tal vez fue ficción, preámbulo del desencanto, ruta hacia la amargura.
De pronto, cuando nadie lo imagina, estás frente a mí reclamando ese lugar que siempre te perteneció y reprochando el que no te haya salido a buscar. No tengo nada qué decir, estoy bajo el yugo de tu voluntad, temeroso de abandonar esta efímera felicidad; entonces me sorprendes, eliges quedarte aquí para morir.

Así, locura mía, desde aquella noche decidí a tu lado perecer sin importar ya, la medida de mi sinrazón y dándote cobijo en cada uno de mis pensamientos, porque como sabes, las ideas no tienen fin...