viernes, agosto 10, 2007

Tierra del Olvido

Fui alma bajo la inmensidad del cielo, algo fuera de ella se desangraba. El tiempo hacía su labor rompiendo la armadura del invisible guerrero, marchito de nuevo en el mundo, alimento de la ansiedad gitana. Vamos, ¿quién se consumirá conmigo al calor de las llamas?

Imperfeccción, transmutación, desilusión, resurreccción, repetición, indecisión. ¿Será preciso comenzar la huida al encontrarnos frente a estos fantasmas? Resulta lógico claudicar si aceptamos nuestra cobardía ante tales sentires. Me dices que irás dentro para sanarte de la batalla que jamás peleamos. Me inquieta escucharlo de tí, mas ya está decidido: soy prisionero del tiempo de recomponer, un incesante suspirar por todo o por nada, vertiendo paciencia para hacer resbalar al quebranto.


¿Extrañar? O tal vez borrar, ¡qué sé yo!, mientras debo correr a buscar un refugio, que la naturaleza se ha encaprichado. Pienso en el perecer de todo esto que veo, se trata de un aroma tan similar que no me dice otra cosa. Sólo espero no caer en los rizos de tan feroz tormenta y desplazarme en ella. Así, no queda más que esconderme lo mejor posible, donde la devastación no llegue.


Al fin la tempestad se ha ido, sin embargo hoy prefiero, aunque sea por unos días, ser otra vez vagabundo. Me sereno, profundamente respiro, sonrío, me atrevo: he tomado por asalto al viento, cabalgo en él, con valentía saco la espada y a la vez tiemblo. Sé hacia dónde me dirijo, pero me resulta inevitable no acudir a tal osadía. ¿Quién llega tiempo antes a su propio entierro?


Allá iré, a la lejana sierra, buscando que el pasado me dé alcance, donde la pureza del aire y el esplendor de su paisaje otorguen ventaja a la desesperanza. ¡Ah, vaya memorias de este sitio, donde ya sucumbí en mis mejores tiempos!


Intentamos seguir su camino, fue inútil. No hay razón, ni un latido, incluso resulta imperceptible algún suspiro. existió, mas no hay rastro; resulta extraño, ni siquiera la batalla con el eterno pudo llevarse todo consigo. A todo esto, me pregunto: del olvido, ¿quién vendrá a moler sus huesos?