lunes, julio 28, 2014

2:27

Si un día decidieras hundir la espada,
pero al clavarla no desearas verme,
sólo pídelo y emprenderé la retirada,
porque sin mirada aparento estar inerme.

Cuando pregunten si nos conocíamos,
diles que al detenerse el mundo,
tú y yo colisionamos,
que fue al Oriente de tu dicha
y al Sur de mis pesares,
explícales cómo nos forjamos,
pirando las guitarras
con bemoles silenciosos que tornaron en cantares.

Clamas justicia y exiges respuestas;
lograste venganza, te legué las dudas.
No hay mucho tiempo, sólo esta vida,
y si otra existiese, lo aquí aprendido
el monstruo de la eternidad, lo habrá consumido
u ocultado entre su arena, su mar o su fuego.
Bilbao, 1951.

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