De
entre tus rodillas te pido una verdad,
aunque ambos sepamos que sin remedio
la devorará con ferocidad la nada,
y así será por el resto de los tiempos,
en nuestros millares de universos,
aunque la muerte se aferre a lo abstracto.
No me resigno, pero tengo a bien cubrirme
con un manto de interminables sombras,
la objetividad que surge por tanto mirar
desde mi balcón la Calle de los Tristes,
donde concurren con cancinos pasos
los olvidados, los marginales y los vencidos...
Ser millones sin abrazar un sueño,
pensar en arrancarte un beso
y resulte no ser nuestro tiempo,
sonrojarnos ante el cruel destino,
dar la vuelta y proyectar un grito
contra los caprichos del firmamento.
— Katmandú, 1926.
aunque ambos sepamos que sin remedio
la devorará con ferocidad la nada,
y así será por el resto de los tiempos,
en nuestros millares de universos,
aunque la muerte se aferre a lo abstracto.
No me resigno, pero tengo a bien cubrirme
con un manto de interminables sombras,
la objetividad que surge por tanto mirar
desde mi balcón la Calle de los Tristes,
donde concurren con cancinos pasos
los olvidados, los marginales y los vencidos...
Ser millones sin abrazar un sueño,
pensar en arrancarte un beso
y resulte no ser nuestro tiempo,
sonrojarnos ante el cruel destino,
dar la vuelta y proyectar un grito
contra los caprichos del firmamento.
— Katmandú, 1926.

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