domingo, noviembre 19, 2006

16 julio

Ignominia del corazón


¿Hacia dónde habías partido locura mía? ¿Por qué tu huida, si tu ausencia me convierte en un extraño bajo las penumbras? Carente de sentido fue mi pesado andar mientras no estabas, rompiendo esa tensa cuerda entre lo sublime y el total declive; imposible para mi alma se tornó el vuelo ya que tú eres mis alas.

Con cristalinas miradas dirigidas a un horizonte inerte, rugiendo ferozmente dentro de una oscuridad en la que otros duermen, en la que añoraba tu regreso ante este humilde y terrenal cuerpo, portando mis anhelos con ardiente sensación de vacío y reduciendo la vida al mísero tamaño de un espíritu incandescente precipitado por la angustia, busco consuelo reviviendo a los demonios que llevo en las entrañas, lo que sea, para justificar esta tormentosa existencia, mi existencia.

Extenuado y con las ilusiones sin genio, la vida ha de seguir en forma de calvario. Después de todo, la existencia bajo un insípido sol es la guerra, volviendo mis días de extravío en ligeras batallas donde la victoria no llega, simplemente me desplomo ante mis pesadillas. Sin embargo hay que sonreir desencajado para ahuyentar al eterno, enfrentar a la muerte y a la vida misma; un constante caminar anestesiado entre las llamas de la desesperanza, motivo suficiente para despertar una incontrolable furia, ignorada en este subterráneo mundo hasta entonces conocido.

Del amor me hablaron todos, valientes voces con creencia firme de ser poseedoras de la verdad absoluta, argumentos que degradan un bipolar sentimiento producto de la libertad al nivel de un grillete más del ser humano, inexplicable obsesión con nuestra decadencia y un atropello más contra nuestra ya vejada historia. ¿Y qué hay de este amor por tí, demencia?, ¿es acaso egoísta dejar en manos del azar esto que siento, arriesgar que jamás vuelvas? Silenciosos llamados te he hecho desde aquel ninguna parte que alguna vez fue nuestro, incitando a que resistas y permitiendo que vivas, aunque tus latidos en la lejanía atraigan como usurpadora tuya a la melancolía, incansable homicida de lo abstracto.

Sin saberlo, un día tan grisáceo como cualquier otro, se me ha sentenciado: del amor nada sé, no ha llegado el ser que convierta en caos mis pasiones y rompa con mi individualidad. No entendieron que eras compañera mía y de mi soledad; me llevan a clavar hacia una cruz que siempre he maldecido. Risueño, escupo y acciono ante la incredulidad de quienes creyeron ser mis verdugos, cierro los ojos y al abrirlos soy guerrero, y color rojizo he transformado este entorno, como el ocaso en que te vi pasar, fulminando con tu dulce mirada y misteriosa sonrisa este corazón primitivo, guardando el instante dentro de sí y a la expectativa de que la suerte lo haga estallar.

Ha caído la noche y debo marcharme, ser de nuevo un anónimo bajo la luna. Entre penumbras cavilo un pasado que tal vez fue ficción, preámbulo del desencanto, ruta hacia la amargura.
De pronto, cuando nadie lo imagina, estás frente a mí reclamando ese lugar que siempre te perteneció y reprochando el que no te haya salido a buscar. No tengo nada qué decir, estoy bajo el yugo de tu voluntad, temeroso de abandonar esta efímera felicidad; entonces me sorprendes, eliges quedarte aquí para morir.

Así, locura mía, desde aquella noche decidí a tu lado perecer sin importar ya, la medida de mi sinrazón y dándote cobijo en cada uno de mis pensamientos, porque como sabes, las ideas no tienen fin...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Un buen día buscando a la mujer que llamé arquetipo y puse a mi corazón el precio de su presencia, me encontré frente al espejo al final de un camino que volvió a comenzar en un sendero hecho de una realidad modelada al antojo del azar, en esa imagen se reflejaba únicamente el interior de lo que soy, y me di cuenta entonces que el tiempo de esperarla se componía del invento de mí mismo.
Porque cuando amamos la lógica nos lleva querer ser más para nosotros mismos que para el otro que acaba siendo la imagen de nuestros sueños.

Después de todo dejé de necesitarla cuando buscándola me encontré a mí.