jueves, agosto 21, 2014

Retirada

De entre tus rodillas te pido una verdad, 
aunque ambos sepamos que sin remedio 
la devorará con ferocidad la nada, 
y así será por el resto de los tiempos, 
en nuestros millares de universos,
aunque la muerte se aferre a lo abstracto. 

No me resigno, pero tengo a bien cubrirme
con un manto de interminables sombras,
la objetividad que surge por tanto mirar 
desde mi balcón la Calle de los Tristes, 
donde concurren con cancinos pasos 
los olvidados, los marginales y los vencidos... 

Ser millones sin abrazar un sueño,
pensar en arrancarte un beso 
y resulte no ser nuestro tiempo,
sonrojarnos ante el cruel destino,
dar la vuelta y proyectar un grito
contra los caprichos del firmamento.

— Katmandú, 1926.

lunes, julio 28, 2014

2:27

Si un día decidieras hundir la espada,
pero al clavarla no desearas verme,
sólo pídelo y emprenderé la retirada,
porque sin mirada aparento estar inerme.

Cuando pregunten si nos conocíamos,
diles que al detenerse el mundo,
tú y yo colisionamos,
que fue al Oriente de tu dicha
y al Sur de mis pesares,
explícales cómo nos forjamos,
pirando las guitarras
con bemoles silenciosos que tornaron en cantares.

Clamas justicia y exiges respuestas;
lograste venganza, te legué las dudas.
No hay mucho tiempo, sólo esta vida,
y si otra existiese, lo aquí aprendido
el monstruo de la eternidad, lo habrá consumido
u ocultado entre su arena, su mar o su fuego.
Bilbao, 1951.

Contrasentido


Cuando enfoco mis ojos
hacia eso que llamaron futuro
veo yermos los campos,
el mundo sólo un suplicio,
y al otro lado del río,
tus piés apenas tocando
la húmeda y crecida hierba
donde al verte te vuelves
mitad magia, mitad polen,
tan irreal como todo lo existente.
Tras la floral visión del milagro
el huracán devasta presente y pasado.
¿Qué debemos a la vida
que nos plaga de muerte?
A distancia y en nostalgia infiero
que sólo subsiste del espíritu su llama.

Budapest, 1958.
Estoy seguro que somos diminutos,
sólo lo que vemos,
la vida desde sus vísceras decidió dividirnos
en dormidos y despiertos,
los primeros hacen que sueñan,
los segundos tienen sueños,
somnolientos e insomnes,
desde el principio de los tiempos,
se disputan este reino, que no podía ser otro
sino el de las penumbras.
   


Amor, furia, paroxismo, olvido...
estar vivo o creerse vivo,
ser nada, resuscitar en guerrero, o en bufón,
da lo mismo, lo anhelamos o lo recreamos,
quien ha jurado en nosotros ver la gama
se ha rendido ante el mar de sus adentros,
el eclipse le cegó, el cometa molió sus huesos,
pero su pecho albergó por un instante
algo tan efímero como un aleteo,
eso así de pequeño que se llama universo.
 


Anónimo en un antiguo Muro de Santiago de Chile en 1952, derrumbado durante la dictadura.

miércoles, marzo 02, 2011

Te quiero

Me he transformado, ausente de rumbo, en presa del destino incierto: sueños cabizbajos, que ni en sueños advierto; quisiera encontrarte, mas ni yo mismo me encuentro. Pesa el andar, se nubló mi mirada y quedé ciego, me cobijé en arcaicas filosofías que por lógica envejecieron, ¿por qué este tiempo, ¿por qué esta suerte?, ¿qué hay al final del abismo?

Imaginé de nuevo tu cálido beso, abrí los ojos y me hallé velando tus sueños, susurré con la Luna, quien con sosiego me cuenta que no sufre la hija que nunca tuve. Te quiero en mi vida, hasta el último aliento. Sólo a tí te anhelo, ¡vengan tus labios!, que conozco el camino de tus oscuros cabellos y tu piel ardiendo fundida en mi cuerpo; ilumina mi camino, te construiré un templo entre la fresca hierba, junto a mis latidos, al final de los tiempos.

jueves, febrero 17, 2011

Este tiempo

"...Las alas rotas, mitad sombra, mitad olvido: soy fantasma perdido en un plazo cumplido. Un sueño perfecto, el suspiro arcaico, por un beso que se diluye en el río, la luz que ya no alumbra el camino incierto, un forastero envuelto en el frío, un Ícaro enterrado en el desierto. Soy esta prosa renuente a ser verso, un exiliado al otro lado del muro: un loco con miedo a volverse cuerdo. La sal sabe a nada, la miel sabe a nada; si me preguntan por la alegría, pena decapitada. El futuro ya no intriga, el pasado es quien en verdad era, ya sólo se trata de fluir y esperar que se agote el tintero, como en los árboles sin hojas durante diciembre y enero. No soy, no estoy, no fui, no estuve; no seré, no estaré; hubiera querido ser, hubiera querido estar; sería, estaría; quisiera ser, quisiera estar..."

Caminé por un mundo sin sol, sin tiempo, sin suelo, sin cielo, donde gobierna el absurdo y se sofoca el sosiego. Mis piés sin gastar, con extrañeza detuvieron su marcha, fue muy tarde, en vez de corazón, llevaba una granada al pecho, vigilada por mi aliento.

jueves, septiembre 10, 2009

Eternos y abstractos

Navegamos sobre un pesado y frío sueño,
no somos este cuerpo, ni siquiera este tiempo:
en realidad somos almas sedientas de vuelo,
forjando mundos sin sol, carentes de dueño.

Vagamos por la vida, cada uno a su manera,
ya sea danzando o descubriendo qué fuimos,
gestando utopías, plasmando que existimos,
todo aquello que sirva para aligerar la espera.

En ocasiones fui herido por la idea de la distancia,
y he de confesarte que experimenté melancolía;
la reflexión fue cediendo a un pragmatismo que dolía,
jovial espíritu agotado de su senil beligerancia.

Solemos despedirnos pensando en lo opuesto,
yéndonos febriles, envueltos en anhelos,
poniendo en la memoria aquél mordaz supuesto,
acerca del destino quitándonos los velos.

Es mi deseo asomarme a la ventana del pasado
y negarme a beber del cáliz su embriagante olvido,
muy fiel a mi constante, la suerte que he vivido,
mezcla de sonrisa y llanto de un corazón varado.

Dividir el tiempo es el ejercicio más doloroso y terco,
se vive huyendo de la vida como máxima sacramental,
pero eternos y abstractos seremos de aquí al final,
aunque la muerte nos lleve a su infranqueable cerco.

viernes, agosto 10, 2007

Tierra del Olvido

Fui alma bajo la inmensidad del cielo, algo fuera de ella se desangraba. El tiempo hacía su labor rompiendo la armadura del invisible guerrero, marchito de nuevo en el mundo, alimento de la ansiedad gitana. Vamos, ¿quién se consumirá conmigo al calor de las llamas?

Imperfeccción, transmutación, desilusión, resurreccción, repetición, indecisión. ¿Será preciso comenzar la huida al encontrarnos frente a estos fantasmas? Resulta lógico claudicar si aceptamos nuestra cobardía ante tales sentires. Me dices que irás dentro para sanarte de la batalla que jamás peleamos. Me inquieta escucharlo de tí, mas ya está decidido: soy prisionero del tiempo de recomponer, un incesante suspirar por todo o por nada, vertiendo paciencia para hacer resbalar al quebranto.


¿Extrañar? O tal vez borrar, ¡qué sé yo!, mientras debo correr a buscar un refugio, que la naturaleza se ha encaprichado. Pienso en el perecer de todo esto que veo, se trata de un aroma tan similar que no me dice otra cosa. Sólo espero no caer en los rizos de tan feroz tormenta y desplazarme en ella. Así, no queda más que esconderme lo mejor posible, donde la devastación no llegue.


Al fin la tempestad se ha ido, sin embargo hoy prefiero, aunque sea por unos días, ser otra vez vagabundo. Me sereno, profundamente respiro, sonrío, me atrevo: he tomado por asalto al viento, cabalgo en él, con valentía saco la espada y a la vez tiemblo. Sé hacia dónde me dirijo, pero me resulta inevitable no acudir a tal osadía. ¿Quién llega tiempo antes a su propio entierro?


Allá iré, a la lejana sierra, buscando que el pasado me dé alcance, donde la pureza del aire y el esplendor de su paisaje otorguen ventaja a la desesperanza. ¡Ah, vaya memorias de este sitio, donde ya sucumbí en mis mejores tiempos!


Intentamos seguir su camino, fue inútil. No hay razón, ni un latido, incluso resulta imperceptible algún suspiro. existió, mas no hay rastro; resulta extraño, ni siquiera la batalla con el eterno pudo llevarse todo consigo. A todo esto, me pregunto: del olvido, ¿quién vendrá a moler sus huesos?

lunes, julio 30, 2007

Hola de nuevo colegas:

Después de algunos meses paso a reportarme con este blog y aportando unos pequeños escritos que espero sean del agrado del respetable que esté dispuesto a dar una leída.Tantas cosas por contar, otras tantas que a la fecha no entiendo, en fin, si les contara todo amigos... entenderían por qué la ausencia y por qué el regreso, que hoy se dará modestamente: por la puerta de atrás, sin bengalas ni mariachis, pretendiendo experimentar mis transgresiones literarias dentro de una sobria incógnita programada para hacer persecución a mi persona, intentando plantear desde ese margen (o coraza, da igual cómo le llamemos) que tanto alma como corazón míos son también susceptibles de pasar por la esquizofrenia y la distorsión de sus alrededores, es decir, padecer igual o tal vez más que cualquier otro. Así es, acá dentro uno es propenso a enfermarse, pero ya saben, mientras haya al menos una pizca de salud seguimos danzando en el borde del barranco y acumulando episodios multicolores emocionalmente hablando, a la expectativa mientras tenga a bien hacer su triunfal entrada la señorita muerte (esperemos tarde todavía un poco, que me quedan algunos pendientes).Sin más que agregar por esta ocasión les dejo acompañados por los siguientes intentos destinados a sacar la cabeza de la arena para después subir la mirada.Gracias.Pelutxetorix.

Carta al navegante

Anda ven. Sólo una vez más, confia en mí recordando que soy el mar, unicamente a merced del capricho lunar, dentro de mí estarás bien, armonizando en mi voluble azul. ¿Qué hay de malo en que te invite a reescribir la historia? No se trata exactamente de la fe, sino de adentrarse al no saber, al no entender, a lo que soy: desengaño, desencanto, destrozo, despiste, descontrol, desasosiego...

Caminaste sobre la tierra cruel, aquellos pies desnudos firmes encontraron su desgaste, su calor, su dolor, su hartazgo, a sí mismos. ¿Qué ha pasado con vos? En tu final coincides con mi origen. ¡No me veas inmenso, tan sólo soy el mar! Ten prensente que en tí llevas las rocas, donde ha resultado siempre inútil cuánta violencia imprima al reventar, el eterno fracaso y el doloroso tener la razón sobre la ciclicidad de lo mundano.

¿Y ahora qué? ¿Decides navegar sin temer a mi tempestad? ¡Vaya atrevimiento!, vagaje tuyo en lo absurdo de la inmensidad (¿o en la inmensidad del absurdo?). ¿Por qué nos reímos de nuevo? ¿Una sinrazón más o la magia de la complicidad?
Entonces, ¿qué historia enterrar, la de siempre o la que hemos comenzado a escribir? Por favor, dímelo, suave al oído, que tan sólo soy el mar.

En los relatos de antaño, escuché acerca de tus travesías: el poder del conquistador, tu gloria y nada más, secando océanos, dando vuelta a casa con los tesoros al interior de tu luminosa nave, con la bandera del olvido ondeando en lo más alto. No importa, mi humilde oleaje te acogerá, te espero al atardecer y en esa bandera he de plasmar que tan sólo soy el mar, de esos pequeños, pero con demasiada sal, en el que no hallaremos joyas sino oscuridad, escoltada por sus dos inseparables sicarios: la ansiedad y la eternidad.

Ya sin rodeos, que esa es labor de los poetas, te he de invitar de nuevo: anda, ven por favor, que tan sólo soy el mar...

A la otra orilla

¿Me voy? ¿Te vas? ¿Nos vamos? Siempre en sentidos contrarios, tú hacia las sombras y yo hacia las otras sombras.

Tenía la idea de que todo comenzaba con el azar. De otro modo no concebiría la existencia del accidente que resultan ser nuestras fugaces vidas. Velocidad para la juventud; sangre fría para aquél joven sicario; terror para el joven sicario que se arrepiente; y sorpresa para el joven sicario arrepentido que aún sueña... El andar de quien busca arte en su "yo-apocalipsis".

Hoy escuché a algunos llamar versátil a lo abstractamente muerto. ¿Acaso el entorno resulta incapaz de entender aquél dolor producido por no hallarse entre mares e infiernos, descartando de antemano el cielo por razón de nuestra naturaleza?

Así es tu mundo, siempre hay alguien, mas nunca hay nada distinto al cadáver de tres tiempos. Te preguntas que nos queda después de tan salvaje impacto en la profundidad del ser. Los más honestos aconsejan la inevitable partida, sumisión frente a la idea de que todo se dirige hacia el carajo. En cambio, nosotros los farsantes recordamos a un demonio que llevamos en la sangre, quien nos hablaba de nuestra innegable condena a muerte, y en consecuencia, una paralela seducción para defendernos hasta la muerte. Si preguntaste buscando respuestas, te pido disculpas por no tenerlas, estas se ubican más allá de lo humano y sin vacilaciones rebasan lo transmundano.

¿Que te sea sincero? Aquí tienes, algo me quema dentro, nuestro privado e inmortal relato que amenaza con volver, hundiendo una vez más nuestra quebrantada identidad, incierta desde su origen pero al fin nuestra. Ha llegado la inspiración, ve por el revólver, sólo hace falta una bala para dar otro tinte al porvenir. No hay que temer, al otro lado también se puede bailar y reir.

De este modo, en caída libre, comienzo a comprender por qué la historia jamás tiene fin: siempre es la misma, sin embargo sabe distinta. Hoy es incertidumbre, mañana amargura,, después arrancará de nosotros una carcajada, y por último, vendrá la muerte, no como carguera, sino a llorar un rato, tomando frente a nosotros su merecido descanso.