miércoles, marzo 02, 2011

Te quiero

Me he transformado, ausente de rumbo, en presa del destino incierto: sueños cabizbajos, que ni en sueños advierto; quisiera encontrarte, mas ni yo mismo me encuentro. Pesa el andar, se nubló mi mirada y quedé ciego, me cobijé en arcaicas filosofías que por lógica envejecieron, ¿por qué este tiempo, ¿por qué esta suerte?, ¿qué hay al final del abismo?

Imaginé de nuevo tu cálido beso, abrí los ojos y me hallé velando tus sueños, susurré con la Luna, quien con sosiego me cuenta que no sufre la hija que nunca tuve. Te quiero en mi vida, hasta el último aliento. Sólo a tí te anhelo, ¡vengan tus labios!, que conozco el camino de tus oscuros cabellos y tu piel ardiendo fundida en mi cuerpo; ilumina mi camino, te construiré un templo entre la fresca hierba, junto a mis latidos, al final de los tiempos.

jueves, febrero 17, 2011

Este tiempo

"...Las alas rotas, mitad sombra, mitad olvido: soy fantasma perdido en un plazo cumplido. Un sueño perfecto, el suspiro arcaico, por un beso que se diluye en el río, la luz que ya no alumbra el camino incierto, un forastero envuelto en el frío, un Ícaro enterrado en el desierto. Soy esta prosa renuente a ser verso, un exiliado al otro lado del muro: un loco con miedo a volverse cuerdo. La sal sabe a nada, la miel sabe a nada; si me preguntan por la alegría, pena decapitada. El futuro ya no intriga, el pasado es quien en verdad era, ya sólo se trata de fluir y esperar que se agote el tintero, como en los árboles sin hojas durante diciembre y enero. No soy, no estoy, no fui, no estuve; no seré, no estaré; hubiera querido ser, hubiera querido estar; sería, estaría; quisiera ser, quisiera estar..."

Caminé por un mundo sin sol, sin tiempo, sin suelo, sin cielo, donde gobierna el absurdo y se sofoca el sosiego. Mis piés sin gastar, con extrañeza detuvieron su marcha, fue muy tarde, en vez de corazón, llevaba una granada al pecho, vigilada por mi aliento.

jueves, septiembre 10, 2009

Eternos y abstractos

Navegamos sobre un pesado y frío sueño,
no somos este cuerpo, ni siquiera este tiempo:
en realidad somos almas sedientas de vuelo,
forjando mundos sin sol, carentes de dueño.

Vagamos por la vida, cada uno a su manera,
ya sea danzando o descubriendo qué fuimos,
gestando utopías, plasmando que existimos,
todo aquello que sirva para aligerar la espera.

En ocasiones fui herido por la idea de la distancia,
y he de confesarte que experimenté melancolía;
la reflexión fue cediendo a un pragmatismo que dolía,
jovial espíritu agotado de su senil beligerancia.

Solemos despedirnos pensando en lo opuesto,
yéndonos febriles, envueltos en anhelos,
poniendo en la memoria aquél mordaz supuesto,
acerca del destino quitándonos los velos.

Es mi deseo asomarme a la ventana del pasado
y negarme a beber del cáliz su embriagante olvido,
muy fiel a mi constante, la suerte que he vivido,
mezcla de sonrisa y llanto de un corazón varado.

Dividir el tiempo es el ejercicio más doloroso y terco,
se vive huyendo de la vida como máxima sacramental,
pero eternos y abstractos seremos de aquí al final,
aunque la muerte nos lleve a su infranqueable cerco.

viernes, agosto 10, 2007

Tierra del Olvido

Fui alma bajo la inmensidad del cielo, algo fuera de ella se desangraba. El tiempo hacía su labor rompiendo la armadura del invisible guerrero, marchito de nuevo en el mundo, alimento de la ansiedad gitana. Vamos, ¿quién se consumirá conmigo al calor de las llamas?

Imperfeccción, transmutación, desilusión, resurreccción, repetición, indecisión. ¿Será preciso comenzar la huida al encontrarnos frente a estos fantasmas? Resulta lógico claudicar si aceptamos nuestra cobardía ante tales sentires. Me dices que irás dentro para sanarte de la batalla que jamás peleamos. Me inquieta escucharlo de tí, mas ya está decidido: soy prisionero del tiempo de recomponer, un incesante suspirar por todo o por nada, vertiendo paciencia para hacer resbalar al quebranto.


¿Extrañar? O tal vez borrar, ¡qué sé yo!, mientras debo correr a buscar un refugio, que la naturaleza se ha encaprichado. Pienso en el perecer de todo esto que veo, se trata de un aroma tan similar que no me dice otra cosa. Sólo espero no caer en los rizos de tan feroz tormenta y desplazarme en ella. Así, no queda más que esconderme lo mejor posible, donde la devastación no llegue.


Al fin la tempestad se ha ido, sin embargo hoy prefiero, aunque sea por unos días, ser otra vez vagabundo. Me sereno, profundamente respiro, sonrío, me atrevo: he tomado por asalto al viento, cabalgo en él, con valentía saco la espada y a la vez tiemblo. Sé hacia dónde me dirijo, pero me resulta inevitable no acudir a tal osadía. ¿Quién llega tiempo antes a su propio entierro?


Allá iré, a la lejana sierra, buscando que el pasado me dé alcance, donde la pureza del aire y el esplendor de su paisaje otorguen ventaja a la desesperanza. ¡Ah, vaya memorias de este sitio, donde ya sucumbí en mis mejores tiempos!


Intentamos seguir su camino, fue inútil. No hay razón, ni un latido, incluso resulta imperceptible algún suspiro. existió, mas no hay rastro; resulta extraño, ni siquiera la batalla con el eterno pudo llevarse todo consigo. A todo esto, me pregunto: del olvido, ¿quién vendrá a moler sus huesos?

lunes, julio 30, 2007

Hola de nuevo colegas:

Después de algunos meses paso a reportarme con este blog y aportando unos pequeños escritos que espero sean del agrado del respetable que esté dispuesto a dar una leída.
Tantas cosas por contar, otras tantas que a la fecha no entiendo, en fin, si les contara todo amigos... entenderían por qué la ausencia y por qué el regreso, que hoy se dará modestamente: por la puerta de atrás, sin bengalas ni mariachis (gracias por la aclaración Aline), pretendiendo experimentar mis transgresiones literarias dentro de una sobria incógnita programada para hacer persecución a mi persona, intentando plantear desde ese margen (o coraza, da igual cómo le llamemos) que tanto alma como corazón míos son también susceptibles de pasar por la esquizofrenia y la distorsión de sus alrededores, es decir, padecer igual o tal vez más que cualquier otro. Así es, acá dentro uno es propenso a enfermarse, pero ya saben, mientras haya al menos una pizca de salud seguimos danzando en el borde del barranco y acumulando episodios multicolores emocionalmente hablando, a la expectativa mientras tenga a bien hacer su triunfal entrada la señorita muerte (esperemos tarde todavía un poco, que me quedan algunos pendientes).
Sin más que agregar por esta ocasión les dejo acompañados por los siguientes intentos destinados a sacar la cabeza de la arena para después subir la mirada.
Gracias.
Pelutxetorix.

Carta al navegante

Anda ven. Sólo una vez más, confia en mí recordando que soy el mar, unicamente a merced del capricho lunar, dentro de mí estarás bien, armonizando en mi voluble azul. ¿Qué hay de malo en que te invite a reescribir la historia? No se trata exactamente de la fe, sino de adentrarse al no saber, al no entender, a lo que soy: desengaño, desencanto, destrozo, despiste, descontrol, desasosiego...

Caminaste sobre la tierra cruel, aquellos pies desnudos firmes encontraron su desgaste, su calor, su dolor, su hartazgo, a sí mismos. ¿Qué ha pasado con vos? En tu final coincides con mi origen. ¡No me veas inmenso, tan sólo soy el mar! Ten prensente que en tí llevas las rocas, donde ha resultado siempre inútil cuánta violencia imprima al reventar, el eterno fracaso y el doloroso tener la razón sobre la ciclicidad de lo mundano.

¿Y ahora qué? ¿Decides navegar sin temer a mi tempestad? ¡Vaya atrevimiento!, vagaje tuyo en lo absurdo de la inmensidad (¿o en la inmensidad del absurdo?). ¿Por qué nos reímos de nuevo? ¿Una sinrazón más o la magia de la complicidad?
Entonces, ¿qué historia enterrar, la de siempre o la que hemos comenzado a escribir? Por favor, dímelo, suave al oído, que tan sólo soy el mar.

En los relatos de antaño, escuché acerca de tus travesías: el poder del conquistador, tu gloria y nada más, secando océanos, dando vuelta a casa con los tesoros al interior de tu luminosa nave, con la bandera del olvido ondeando en lo más alto. No importa, mi humilde oleaje te acogerá, te espero al atardecer y en esa bandera he de plasmar que tan sólo soy el mar, de esos pequeños, pero con demasiada sal, en el que no hallaremos joyas sino oscuridad, escoltada por sus dos inseparables sicarios: la ansiedad y la eternidad.

Ya sin rodeos, que esa es labor de los poetas, te he de invitar de nuevo: anda, ven por favor, que tan sólo soy el mar...

A la otra orilla

¿Me voy? ¿Te vas? ¿Nos vamos? Siempre en sentidos contrarios, tú hacia las sombras y yo hacia las otras sombras.

Tenía la idea de que todo comenzaba con el azar. De otro modo no concebiría la existencia del accidente que resultan ser nuestras fugaces vidas. Velocidad para la juventud; sangre fría para aquél joven sicario; terror para el joven sicario que se arrepiente; y sorpresa para el joven sicario arrepentido que aún sueña... El andar de quien busca arte en su "yo-apocalipsis".

Hoy escuché a algunos llamar versátil a lo abstractamente muerto. ¿Acaso el entorno resulta incapaz de entender aquél dolor producido por no hallarse entre mares e infiernos, descartando de antemano el cielo por razón de nuestra naturaleza?

Así es tu mundo, siempre hay alguien, mas nunca hay nada distinto al cadáver de tres tiempos. Te preguntas que nos queda después de tan salvaje impacto en la profundidad del ser. Los más honestos aconsejan la inevitable partida, sumisión frente a la idea de que todo se dirige hacia el carajo. En cambio, nosotros los farsantes recordamos a un demonio que llevamos en la sangre, quien nos hablaba de nuestra innegable condena a muerte, y en consecuencia, una paralela seducción para defendernos hasta la muerte. Si preguntaste buscando respuestas, te pido disculpas por no tenerlas, estas se ubican más allá de lo humano y sin vacilaciones rebasan lo transmundano.

¿Que te sea sincero? Aquí tienes, algo me quema dentro, nuestro privado e inmortal relato que amenaza con volver, hundiendo una vez más nuestra quebrantada identidad, incierta desde su origen pero al fin nuestra. Ha llegado la inspiración, ve por el revólver, sólo hace falta una bala para dar otro tinte al porvenir. No hay que temer, al otro lado también se puede bailar y reir.

De este modo, en caída libre, comienzo a comprender por qué la historia jamás tiene fin: siempre es la misma, sin embargo sabe distinta. Hoy es incertidumbre, mañana amargura,, después arrancará de nosotros una carcajada, y por último, vendrá la muerte, no como carguera, sino a llorar un rato, tomando frente a nosotros su merecido descanso.

martes, enero 30, 2007

Bueno, después de varios días de letargo aquí les tengo algo que encontré del guionista Alan Moore, esto es un monólogo del irreverente Jocker, espero sea de su agrado. Hasta pronto.

"Cuando la vida es solo preocupación y los periódicos solo hablan de desesperación, cuando todo se resume a la violación, al hambre y la guerra y todo resulta vil hay algo que siempre haré y ahora te diré. Es algo que siempre me pone febril... me vuelvo loco como una polilla; me vuelvo loco y me como hasta la alfombrilla.
Caballero, como la vida no hay nada, si estás en una habitación acolchada te cura de cualquier depresión... ¡Puedes curar tu abatimiento con un buen acolchamiento, un par de inyecciones y un poco de comprensión! Vuélvete loco como un yonki con un telele o un predicador de la tele, tan solo un poco.
Cuando la raza humana ponga cara malsana, cuando la bomba esté por caer y tu hijo por perecer no estarás asustado, sino que sonreirás despreocupado.
Cuando estás loco dejas de quebrarte el coco, la humanidad es diminuta ante la nada absoluta.
Si algo te causa dolor acude al doctor, y si la vida desagradable te parece...¡¡¡No lo dudes, enloquece!!!"

Qué buen malviaje se avienta este muchacho ¿no creen?. Yo me sentí identificado, no sé ustedes. Espero sus comentarios.

Gero arte!

martes, enero 16, 2007

Espejismo

Te has marchado, lo he notado al recaer sobre mi rostro los rayos de aquel sol tan cotidiano, tan amargo. Dudo, que hallando el por qué de tu partida acelere o incite tu regreso, así que he de seguir en mi cama, degustando esos labios que encontraron mi sed, inundaron mi habitación y en algún momento lograron apagar el ardor de mi desolación.

En tu andar, entre aquellas hadas que te llevan lejos de aquí, claro que te extrañaré: ¿cómo olvidar que entre penumbras lo único que la atmósfera anunciaba era aquella dulce silueta tuya? Así, continuarás flotando cada vez más en lejanía, hacia aquel rumbo donde mi voz no pueda alcanzarte. Con o sin ti, el mundo girará, sobre sí mismo, una y otra vez, a lo más y a lo mejor sin ese brillo tuyo, pero de algún modo ha de seguir.

Mientras no estés, deambularé intentando vivir, aunque a veces me silenciaré pensando en tus caricias, tu figura, tu mirar, la magia de tu hablar y de ese dibujar que me quieres debajo del anochecer. Es lo que me queda por ofrecer al mundo en tu ausencia, deseoso de que algo por fin ocurra, de que algo exista, al acecho de las tinieblas, para devorarlas en nombre del porvenir.

Sobre lo que respiraré en mi alcoba, ¡qué decir de ese pesar!. Comenzaré tomando una silla y colocándola frente a la ventana, desde ahí, para mis adentros y a la espera de hacer eco en tu corazón ya tan distante, imploraré que irrumpas en mis sueños. Anda mujer, ¡conquístales, róbales, aniquílales que aquí te esperan, inmersos en la ansiedad!

De este modo ha de transcurrir mi vida, en busca de que devuelvas a esta alma su aliento, te quedes al lado de ella, y a este cuerpo en vela, tan frágil, plantes tus labios con ese calor que sabías hacerlo, te acerques un poco más y selles mi boca con aquellos besos, los cínicamente culpables de mi locura, de mi insomnio, de esta tenue caída... el tierno sinsentido motivante de mi espera.

Pasaron los años (alrededor de medio siglo) y fue en vano la espera. Pareciera que nada cambió en aquel hombre, a excepción de las canas y arrugas en su rostro; anduvo delirante por las calles de esta ciudad, en continuas caminatas nocturnas, cigarrillo en mano y violentos golpes del mismo, entre el humo se asomaba una mirada intranquila, similar a la de un niño con el ánimo de seguir jugando.

Un buen día de octubre, llegada la tarde, el cielo ofrecía un sacrificio como solían hacer nuestros ancestros, se teñía en pasionales colores el horizonte, y se vio caminar al viejo, solo unos pocos metros, ya que inesperadamente se derrumbó en el lugar, provocando el inmediato tumulto en auxilio suyo. Fue inútil, estaba muerto. Dicen quienes lo vieron caer, que instantes antes, se le escuchó murmurar: "vaya locura, pasar mi vida en algo que no fue, que no será o por qué no, jamás existió".