hacia eso que llamaron futuro
veo yermos los campos,
el mundo sólo un suplicio,
y al otro lado del río,
tus piés apenas tocando
la húmeda y crecida hierba
donde al verte te vuelves
mitad magia, mitad polen,
tan irreal como todo lo existente.
Tras la floral visión del milagro
el huracán devasta presente y pasado.
¿Qué debemos a la vida
que nos plaga de muerte?
A distancia y en nostalgia infiero
que sólo subsiste del espíritu su llama.
Budapest, 1958.

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